A la Roma no le basta con el balón parado y paga caro los errores
El conjunto de Gasperini muestra grietas preocupantes en todas sus líneas. La falta de gol, los desajustes defensivos y las decisiones del técnico agravan una crisis que empieza a hacerse estructural.
Los errores, en el fútbol, siempre se pagan. Y la Roma lo comprobó una vez más. La derrota en casa ante el Viktoria Plzen encendió todas las alarmas en el Olímpico: el equipo no solo volvió a caer, sino que mostró síntomas inquietantes de confusión táctica y falta de carácter.
Como apunta Ugo Trani en Il Corriere della Sera, el ataque sigue fallando y la defensa, que hasta ahora había sido uno de los puntos fuertes del conjunto romano, se derrumbó al encajar dos goles por primera vez en la temporada. Gasperini no tardó en identificar la raíz del problema: “Los partidos se ganan en ataque, y nosotros no marcamos. Tenemos que hacer un examen de conciencia y entender por qué”, sentenció el técnico tras el encuentro.
Las palabras del entrenador, sin embargo, no sirvieron para calmar las críticas. En el punto de mira están Dovbyk y Ferguson, pero también las declaraciones de Paulo Dybala, señalado por haber calificado de moscia (floja) a la Roma en declaraciones post partido. La sensación general es que el equipo carece de energía y convicción.
Gasperini apenas realizó tres cambios respecto al once que cayó frente al Inter. El técnico insistió en su esquema habitual, aunque introdujo una ligera variación ofensiva: adelantó al delantero centro y retrasó la posición de Dybala. A la derecha situó a Soulé, quien intercambió banda con frecuencia, sin lograr mayor profundidad. Celik ocupó el lateral derecho, mientras que Wesley, incómodo a pierna cambiada, volvió a evidenciar limitaciones en el costado izquierdo.
El gol del penalti, convertido tras una mano de Jemelka en un centro de Pisilli, reabrió momentáneamente el partido. Pero el intento de reacción fue efímero. Cuando Celik fue sustituido por Bailey, Wesley terminó actuando incluso como central derecho, un parche improvisado que reflejó la desorganización del equipo.
Ni los cambios ni el ímpetu individual lograron enderezar el rumbo. Ferguson pasó inadvertido, Dybala no encontró espacios y la Roma terminó apagándose bajo la lluvia de críticas y la noche gris del Olímpico.
“Nos falta claridad y continuidad”, reconoció Gasperini, visiblemente molesto. El mensaje suena ya repetido, y el público empieza a perder la paciencia. Entre la Serie A y la Copa, los errores se acumulan. Y, como se ha vuelto a comprobar, se pagan caros.

