Sin enamorar… Pero con el afán de ganar y levantar un nuevo Scudetto

La Roma Femminile está firmando una temporada que, cuanto menos, invita a la reflexión. Porque lo que parecía un curso de transición ha terminado convirtiéndose en una bendita sorpresa… aunque no exenta de matices.

El verano dejó más preguntas que certezas. La salida de Alessandro Spugna supuso un punto de inflexión importante: se marchaba el arquitecto de una Roma dominante para dar paso a Luca Rossettini, un técnico con recorrido en categorías inferiores, procedente del fútbol Primavera y con experiencia en la Serie C italiana. Un cambio de perfil total, casi una declaración de intenciones: reinventarse o morir.

La idea era clara: una Roma más agresiva, más intensa, más táctica. Pero entre la teoría y la práctica siempre hay un trecho, y durante semanas dio la sensación de que el equipo estaba en pleno proceso de construcción, buscando su identidad en medio de la duda.

A estas alturas de la temporada, el balance es, como mínimo, contradictorio. En Europa, una participación en la UEFA Women’s Champions League para olvidar. En la Coppa Italia Femminile, todo por decidir tras ese 1-1 en la ida frente al Inter Women. Y en la Serie A Femminile, una Roma líder… pero que no termina de convencer.

Porque sí, la Roma gana. Y eso, en el fútbol, es lo más importante. Pero gana con lo justo, sin dominar con claridad, sin esa sensación de superioridad que sí transmitía en otras etapas. No es el equipo que mejor juega, ni mucho menos. Es, más bien, un equipo práctico, competitivo, que ha aprendido a sobrevivir en partidos incómodos.

Y ahí es donde empieza el mérito.

Este equipo ha ido claramente de menos a más. Ha crecido con el paso de las jornadas, ha sabido adaptarse a un contexto complicado y, sobre todo, ha resistido golpes importantes. Porque no hay que olvidar que durante el mercado —tanto de verano como de invierno— se han marchado piezas clave. Jugadoras importantes, difíciles de reemplazar. Y, sin embargo, no han llegado grandes nombres. Los refuerzos han sido discretos, fuera del radar mediático, casi apuestas silenciosas.

Y aun así, ahí está la Roma: líder, con seis puntos de ventaja y quince aún en juego.

Lo lógico, lo frío, lo matemático, dice que el Scudetto debería acabar en sus manos. Pero la sensación que queda es otra. La sensación es que esta Roma no es la mejor Roma posible. Que hay margen, mucho margen. Que el proyecto aún está en construcción, incluso estando en lo más alto.

Y quizá ahí reside lo más interesante de todo.

Porque si este equipo es capaz de ganar sin brillar, de liderar sin convencer del todo, de reconstruirse mientras compite… ¿qué pasará cuando todas las piezas encajen?

Tal vez esta Roma no enamore. Tal vez no domine. Pero está demostrando algo igual de valioso: sabe competir, sabe resistir y, sobre todo, sabe ganar.

Y eso, aunque no siempre luzca, también construye campeones.