
Con Dan Friedkin al mando, muchos en la Roma imaginaban una figura casi cinematográfica: el propietario capaz de pilotar sus propios aviones y conducir también al club hacia alturas europeas. Pero el escenario actual es distinto. En el centro de operaciones romanista ha tomado protagonismo Ryan Friedkin, heredero de la estructura empresarial familiar y cada vez más involucrado en las decisiones deportivas de la entidad.
El joven dirigente estadounidense ha intensificado su presencia en Trigoria en un momento decisivo de la temporada. El objetivo inmediato es claro: asegurar la clasificación para la próxima edición de la Champions League. Y aunque Ryan no comparte con su padre la pasión por la aviación ni su experiencia como piloto, sí parece decidido a liderar personalmente la transformación del club desde los despachos.
En la previa del último compromiso liguero, Friedkin Jr acompañará a la expedición romanista en el viaje hacia Verona. Más allá del simbolismo, su cercanía con el equipo transmite un mensaje interno de unidad, respaldo y compromiso total con el proyecto deportivo. En los últimos días ha mantenido reuniones constantes para acelerar decisiones estratégicas relacionadas tanto con la estructura deportiva como con la planificación del próximo mercado.
Uno de los asuntos prioritarios sigue siendo la elección del nuevo director deportivo. Entre los perfiles mejor valorados aparecen Sean Sogliano, responsable de la construcción competitiva del Verona; Matteo Tognozzi, y Tony D’Amico, cuya situación sigue a sin resolverse y que mantiene una excelente relación profesional con Gian Piero Gasperini desde su etapa en Bérgamo.
Precisamente el técnico italiano habría insistido en reforzar primero la organización interna antes de acometer grandes inversiones en fichajes. La idea es construir una estructura sólida que permita a la Roma competir con continuidad al máximo nivel europeo.
Paralelamente, Ryan Friedkin también ha dedicado tiempo a mejorar la relación institucional con la afición. En los últimos días estudió la posibilidad de instalar una pantalla gigante en Roma para que los seguidores pudieran seguir colectivamente el decisivo encuentro fuera de casa. Aunque desde el ayuntamiento existiría predisposición favorable, el proyecto todavía depende de una iniciativa formal por parte del club.
La familia Friedkin mantiene desde hace años una política de comunicación discreta, pero en situaciones delicadas suele intervenir con rapidez. Ya ocurrió recientemente cuando determinados sectores de la afición mostraron su rechazo a la posibilidad de disputar el derbi en lunes: la directiva trabajó de forma diplomática con las autoridades para facilitar que el encuentro terminara jugándose en domingo.
En un ambiente donde cada detalle pesa, Ryan Friedkin intenta consolidarse como una figura cada vez más influyente dentro del universo romanista. Sin necesidad de pilotar aeronaves, su desafío ahora consiste en dirigir un proyecto capaz de devolver a la Roma a la élite del fútbol europeo.
