Tras varios días marcados por la intensidad y el ruido alrededor del equipo, la Roma afronta una noche clave en la que todo pasa por centrarse exclusivamente en el fútbol. El duelo ante la Atalanta se presenta como una prueba decisiva: no solo por la entidad del rival, sino porque representa una de las últimas oportunidades para imponerse a un equipo del grupo alto de la tabla y asegurar, al menos, la sexta posición.
Sin embargo, el panorama no es sencillo para los de la capital. Las bajas siguen condicionando el plan. Aunque regresa Gianluca Mancini, la lista de ausencias es notable: no estarán Paulo Dybala, Artem Dovbyk, Lorenzo Pellegrini ni Evan Ferguson, además de Wesley, cuya situación genera dudas más allá de lo deportivo. Mientras el cuerpo técnico lo considera disponible, los servicios médicos prefieren actuar con cautela, dejando el caso en una zona gris que añade tensión al entorno.
En medio de este escenario, surge una posible buena noticia: Niccolò Pisilli ha superado las últimas pruebas físicas y podría incluso salir desde el inicio si responde bien en la evaluación final. Su tobillo izquierdo ha evolucionado favorablemente y pelea por un puesto en el centro del campo con Neil El Aynaoui.
El resto del once parece bastante definido por las circunstancias. En ataque, la responsabilidad recaerá en Donyell Malen, que atraviesa un momento brillante. Con 10 goles en su cuenta desde su llegada, el neerlandés está cerca de registros históricos para fichajes invernales en la Serie A, solo superado por nombres como Maxi López y Mario Balotelli. A su alrededor, Stephan El Shaarawy y Matías Soulé aportarán movilidad y creatividad.
Como detalle significativo, el técnico Gian Piero Gasperini decidió romper con la rutina habitual: no hubo concentración previa y el equipo fue citado directamente en Trigoria el mismo día del partido. Una señal clara de confianza… o de necesidad de rebajar la presión antes de un encuentro que puede marcar el rumbo final de la temporada.

