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Ni antes tanto, ni ahora tan poco

La Roma vuelve a la tierra tras una derrota que saca a la palestra que el de Gasperini es aun un equipo en construcción

La Roma atraviesa un patrón preocupante: cada vez que recibe el primer golpe, no logra reaccionar. La derrota ante el Nápoles en el Olímpico volvió a confirmar esta tendencia, sumando ya cuatro partidos en la temporada en los que empieza perdiendo y termina sin puntos, escribe hoy Lorenzo Pes, de Il Tempo. El equipo de Antonio Conte, en cambio, aprovechó el duelo directo para superar a los Giallorossi en la clasificación y colocarse en la parte más alta de la tabla, igualando al Milan y a la espera de lo que haga el Bolonia.

El encuentro se decidió pronto. Un gol de Neres en la primera mitad bastó para desnudar las carencias ofensivas de la Roma y premiar la estrategia de un Nápoles que supo golpear en el momento adecuado y administrar el ritmo con autoridad. Gasperini intentó un planteamiento valiente, apostando por Ferguson como referencia apoyado por Soulé y Pellegrini. Koné fue uno de los elegidos para construir desde atrás, acompañado por Cristante y Hermoso, que regresaba como titular.

Un primer tiempo cuesta arriba

El Nápoles impuso su control desde el arranque. Svilar mantuvo el empate con dos intervenciones destacadas ante Lang y un desvío accidental de Mancini. Mientras tanto, el ataque romanista sólo encontró aire en combinaciones aisladas, sobre todo con la sociedad Wesley–Pellegrini. Sin embargo, cuando el partido parecía equilibrarse, un contraataque letal cambió el guion: una acción que pudo estar condicionada por una falta de Rrahmani sobre Koné en la frontal —pasada por alto por Massa y sin revisión del VAR— terminó con Hojlund habilitando a Neres, quien definió con frialdad para el 0-1.

La Roma no sólo perdió el balón con frecuencia; también quedó expuesta cada vez que el Nápoles aceleró en transición.

Reacción insuficiente en la segunda parte

Tras el descanso, Gasperini movió fichas y reorganizó al equipo sin delantero centro. Baldanzi sustituyó a Ferguson y más tarde llegaron Dybala y El Aynaoui en busca de claridad y desequilibrio. Pero ni así la Roma consiguió generar peligro real.
Pellegrini probó desde lejos en el 77’, pero su disparo se fue alto. Luego Bailey y El Shaarawy ingresaron para intentar un último golpe, pero el conjunto visitante resistió con disciplina.

La ocasión más clara llegó ya en el 90’, cuando Baldanzi, tras un pase profundo de Dybala, obligó a Milinkovic-Savic a su mejor intervención de la noche. Fue un destello tardío, insuficiente para cambiar la historia del partido.

Una tendencia que preocupa

El problema es claro: la Roma nunca ha conseguido remontar en liga, salvo aquel partido aislado en Florencia. Cuando encaja primero, la derrota parece inevitable y ni siquiera un empate ha conseguido rescatar. El equipo necesita encontrar soluciones urgentes para no perder terreno en una Serie A que se ha vuelto extremadamente competida.

La próxima parada será contra el Cagliari, en una jornada cargada de duelos directos en la parte alta. La Roma deberá romper su tendencia negativa si quiere mantenerse en la pelea.

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