El centrocampista francés tiene cada vez más seguidores dentro de un panorama europeo donde cada vez se le reconoce más
En apenas unas semanas con Gasp, Manu Koné se ha convertido en el rostro visible del nuevo proyecto de la Roma. El centrocampista francés, llegado desde el Borussia Mönchengladbach, se ha ganado la confianza del técnico y el cariño de la afición gracias a su intensidad, su lectura del juego y su inagotable despliegue en el mediocampo.
El próximo sábado, Koné volverá a ser pieza clave en un duelo de alto voltaje ante el Inter de Milán. Junto a Bryan Cristante, tendrá la misión de frenar las fuentes de creación del conjunto nerazzurro y, al mismo tiempo, ofrecer salida limpia para los ataques romanistas. Pero el francés no solo destaca por su labor defensiva: Gasperini le ha otorgado libertad para llegar al área rival, un aspecto en el que el jugador busca dar un salto de calidad. “Me falta el gol, pero llegará”, habría dicho recientemente en Trigoria, confiando en que la primera diana pueda producirse precisamente ante el Inter.
El rendimiento de Koné no ha pasado desapercibido en el panorama europeo. Tanto el Inter, que ya intentó su fichaje el pasado verano, como el Paris Saint-Germain siguen de cerca su evolución. Con un valor de mercado estimado en 50 millones de euros, su cotización podría incrementarse aún más si mantiene el nivel mostrado hasta el final de la temporada.
En una Roma en plena reconstrucción, Koné no solo simboliza el nuevo estilo de juego de Gasperini —presión alta, ritmo constante y verticalidad—, sino también una apuesta por la revalorización del talento joven. El francés es, hasta el momento, uno de los pocos futbolistas que ha disputado todos los minutos en la Serie A, consolidándose como un intocable en los planes del entrenador.
