Massara aprovecha las salidas para moverse en el mercado; la clase esta en mantener el balance del coste total de equipo

Para satisfacer las exigencias de Gian Piero Gasperini y traer a la Roma los dos primeros fichajes —Wesley y Rios—, se necesitarán alrededor de 50 millones de euros. Una suma considerable, especialmente considerando las obligaciones del Fair Play Financiero y las plusvalías que el club debía obtener antes del 30 de junio, escribe Gianluca Piacentini en Il Corriere della Sera.

Sin embargo, los Giallorossi parecen dispuestos a invertir. ¿Cómo es posible? La respuesta reside en el concepto de coste de equipo, una fórmula que considera la suma del salario bruto de cada jugador (incluyendo bonificaciones) y la tasa de amortización anual de su contrato, calculada dividiendo el precio de compra entre la duración del contrato. Es un elemento clave en los estados financieros, a menudo más significativo que el desembolso de una compra. Por ejemplo: un jugador que cuesta 30 millones de euros con un contrato de cinco años pesa en el balance general 6 millones de euros anuales, a los que hay que sumar el salario y las comisiones. Así, a pesar de operar con unas tasas de traspaso relativamente altas, la Roma puede mantener cierto nivel de sostenibilidad financiera.

Sobre todo ahora que, con las salidas de Abraham, Paredes y Shomurodov, el coste del equipo ha bajado de los 140 millones de euros. Ricky Massara, el nuevo director deportivo, tendrá, por tanto, una doble tarea: por un lado, seguir reduciendo la masa salarial con ventas estratégicas y, por otro, mantener la competitividad de la plantilla con adquisiciones sostenibles. Al mismo tiempo, el club trabajará para aumentar los ingresos.