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Marino: “Claudio no quiere seguir en el banquillo, pero sigue siendo un entrenador, no un directivo. Un directivoes quien, en ciertos momentos, debe tragarse el malestar.”

De Nápoles a Bérgamo, pasando por Roma, el fútbol italiano no solo se juega en el campo: también se libra en despachos, ruedas de prensa y relaciones humanas complejas. Pocas voces pueden hablar con tanta experiencia sobre ese equilibrio delicado como Pierpaolo Marino, un veterano dirigente que ha vivido innumerables situaciones límite a lo largo de su carrera.

En los días previos a un enfrentamiento entre dos de sus antiguos equipos —y en plena polémica entre Claudio Ranieri y Gian Piero Gasperini— Marino compartió su visión sobre cómo recomponer el ambiente en la Roma, dejando reflexiones que van mucho más allá de un caso concreto.

La gestión de un carácter fuerte

“Ha habido dos personas que han sabido gestionar a Gasperini, que es un gran entrenador pero que, en el día a día, necesita ser moderado. Hace falta humildad y paciencia, al menos por lo que me han contado. Solo lo han conseguido Preziosi en Génova y Luca Percassi en Bérgamo. El dirigente del Atalanta dedicaba parte de su día a la relación con Gasperini, a calmarlo en ciertos momentos y a suavizar sus intervenciones: con él hacen falta hombres de resistencia y paciencia”.

¿Ranieri, entrenador o gestor?

“Una figura carismática como director del área deportiva es necesaria, sobre todo en clubes de Serie A; de lo contrario, el entrenador se convierte en el único referente. El modelo ideal no puede ser el de dos grandes entrenadores. Aunque Claudio no quiera seguir en el banquillo, sigue siendo un entrenador, no un dirigente. Un dirigente es quien, en ciertos momentos, debe tragarse el malestar y guardar silencio en lugar de exteriorizarlo. Y creo que ese papel debe recaer en un director deportivo”.

Comunicación y control

“Siempre ha sido así, haciendo públicas sus ideas. La habilidad de un dirigente está en colocar todas las piezas en su sitio: hay que saber hacer sentir importante al entrenador manteniendo el control de la situación. Ranieri explotó porque está acostumbrado a actuar como entrenador”.

La decisión pendiente

“Deshacerse de Ranieri no sería justo. Humana y profesionalmente merece el máximo respeto y, desde luego, no necesita a la Roma para seguir adelante. Y, además, habría que sustituirlo: los Friedkin no están todos los días en Trigoria para tratar con Gasperini como hacía Luca Percassi”.

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