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Los Friedkin dan su confianza a Gasp, y preparan una revolución institucional: cadena de mando más larga y más perfiles ejecutivos

Dan Friedkin habría definido el rumbo: el proyecto técnico seguirá adelante sin titubeos. Tras días marcados por tensiones internas y declaraciones que agitaron el ambiente en Trigoria, según informa Corriere Dello Sport, el propietario ha decidido cerrar filas en torno al entrenador, convencido de que dar marcha atrás ahora supondría dilapidar el trabajo iniciado.

Las fricciones surgidas en las últimas semanas, amplificadas tras intervenciones críticas desde dentro del propio entorno romanista, no han alterado la postura de la propiedad. Al contrario, han reforzado la idea de que la estabilidad es imprescindible para construir algo sólido. En este contexto, el mensaje es claro: se sigue con el plan, sin concesiones a la incertidumbre.

Sin embargo, la continuidad en el banquillo no implica inmovilismo en el resto de áreas. De cara al próximo verano se prepara una reestructuración profunda que afectará no solo a la plantilla, sino también a los despachos. La organización interna del club está bajo revisión, y uno de los focos principales apunta a la dirección deportiva. La figura de Ricky Massara está siendo evaluada, especialmente por su relación nunca del todo fluida con el técnico.

El análisis va más allá de nombres concretos. En la Roma actual se percibe una estructura ejecutiva incompleta: no hay un consejero delegado claramente definido, tampoco un director general, ni una figura que actúe como nexo fuerte entre el área deportiva y la institucional. Esta falta de jerarquía clara ha generado, según se interpreta desde dentro, zonas grises en la toma de decisiones.

Friedkin parece haber identificado el problema: una cadena de mando demasiado corta puede volverse frágil. La ausencia de roles bien delimitados facilita la aparición de conflictos internos, corrientes enfrentadas y vacíos de poder que terminan afectando al rendimiento global del club.

Por ello, una de las prioridades será incorporar perfiles con capacidad ejecutiva y autoridad transversal, especialmente en lo relativo a la gestión fuera del terreno de juego y las relaciones institucionales. Actualmente, esa representación recae en Maurizio Lombardo, cuya función se asemeja más a la de un coordinador operativo que a la de un dirigente con plenos poderes.

La conclusión que se desprende de este escenario es evidente: la Roma no solo necesita ajustes deportivos, sino también una redefinición de su arquitectura interna. La apuesta por la continuidad en el banquillo va acompañada de una intención clara de reforzar los cimientos del club, evitando que los problemas estructurales vuelvan a desestabilizar el proyecto.

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