Paradigme

Las declaraciones de Mourinho post Monza-Roma dejan aire de despedida; el club sigue a entrenadores emergentes como alternativa

Las palabras de Mourinho tienen un peso. Siempre. Pero las dichas en Monza son como bloques colocados como contrapeso a su estancia en Roma. El ataque al club es claro, no demasiado velado tras las acusaciones contra el sistema arbitral.

Ni estilo, ni inexperiencia. Pero por favor. De manera cada vez más directa contra quienes lo eligieron hace dos años. Señales claras de voluntad de ruptura. Desde llamadas telefónicas no realizadas, hasta encuentros esperados, pasando por «mercados», «pequeños», «plantilla no apta para competir» y las perennes ganas de programar. La escalada verbal de Mourinho parece tener un solo objetivo. Técnico pero también económico, en un nefasto remake de lo ya visto en Londres y Manchester cuenta el diario La Reppublica.

Esa familia Friedkin, silenciosa hasta el extremo pero precisa en la toma de decisiones. Culpables, según Mou, centrados en los negocios, en el estadio y en las relaciones político-internacionales que poco tienen que ver con los problemas de casa. Polémica, mercado de fichajes y árbitros. El pretexto perfecto para enviar otro mensaje más.

Sin embargo, el deseo de Mourinho parece cada vez más claro y quién sabe si se solapa con el deseo de los Friedkin de buscar otro camino. Más sostenible, más atento a las urgencias económicas y quizás más bajo el radar.

Corriere dello Sport; aires diferentes en Trigoria

Por otro lado cuenta Corriere dello Sport que después del partido contra Monza, al final de las entrevistas, José habló muy poco, perdido en sus pensamientos. La inevitable frustración por un final de temporada que no se esperaba tan complicado por las numerosas ausencias en el once inicial, las dudas sobre el futuro pero al mismo tiempo también el orgullo de contar con un grupo de jugadores que lo están dando todo en el momento más complicado de la temporada para el club y para su entrenador: “Estaré con el equipo hasta el último minuto de esta temporada –dijo al final del partido–. Para mí es un orgullo trabajar con estos muchachos”.

Un mensaje que para muchos -incluidos los jugadores- parecía un adiós de final de la temporada, una señal de cómo el técnico luchará hasta el final por la Roma, pero también de cómo éste puede ser su último mes al frente de la club. Hay muchas razones, algunas de las cuales pensó que podía dejar para hace unas semanas, otras en cambio que le están alejando poco a poco de lo que inicialmente era su idea de crecimiento del club. También interrumpido por un acuerdo con la UEFA que dificultó la llegada de nuevos refuerzos hace un año y en el pasado mercado de fichajes de invierno.

En Trigoria el ambiente es diferente ahora mismo, también por las palabras de Mourinho sobre el club respecto al caso Chiffi y su designación para el partido contra Monza: “No tenemos fuerzas para decir que no queremos árbitro. Tal vez mi empresa no esté de acuerdo con lo que digo y yo me responsabilizo por ello. Pero la Roma no tiene esta fuerza y ​​quizás ni siquiera quiera tener esta fuerza para decirle a Rocchi que no queremos un árbitro».

Declaraciones que Mou tras hablar con Dazn y la rueda de prensa no perdonaron ni a los micrófonos del club. Hablando de temas los relacionados con el mercado y el objetivo del cuarto puesto: “Somos el único equipo que no tiene plantilla para quedarse donde está, por tanto en la parte alta de la clasificación y en semifinales de una competición europea”. Palabras que se suman a las de hace unos días: «La lucha de la Champions es para los que han invertido en la lucha de la Champions, esa lucha no nos pertenece».

La Gazzetta dello Sport; los Friedkin buscan alternativas

El hecho de que el entrenador lleve cuatro meses pidiendo audiencia con los Friedkins para hablar del futuro es una clara señal de quién manda. Para ello José lo tenía claro: “No tenemos plantilla para competir en dos frentes”. La secuela evidente de la frase del sábado: «No invertimos para ir a la Champions». Que en cambio es el objetivo de los Friedkins. El club sigue a entrenadores emergentes como De Zerbi, Thiago Motta y Amorim (Sporting de Lisboa), pero una cosa es segura: el legado de Mourinho podría ser un peso para todos.

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