El tiempo no avisa. Simplemente pasa. Se escurre entre partidos, entrenamientos y promesas de mercado hasta que, de pronto, el calendario aprieta y las soluciones ya no abundan, escribe hoy ForzaRoma. En Trigoria esa sensación es cada vez más familiar. Mientras las horas avanzan, una carencia sigue sin resolverse y resuena como un eco constante en la cabeza de Gian Piero Gasperini: falta un extremo izquierdo.
No es una obsesión reciente. Desde hace más de ocho meses, el técnico piamontés insiste en la misma idea, convencido de que ese perfil es clave para dar equilibrio y profundidad a su proyecto. El verano pasó sin respuestas y ahora el mercado invernal se ha convertido en la última ventana real para subsanar el error. Un mes escaso. Demasiado poco para un problema que se arrastra desde hace demasiado tiempo.
Los nombres, eso sí, nunca faltaron. La mesa de Massara se llenó de alternativas: jóvenes promesas, apuestas de futuro, jugadores contrastados. Sauer, Lang, Summerville, Godts, Carrasco, George, Tel… una lista casi infinita que fue creciendo con Nkunku, Sulemana o Zaragoza. Todos analizados, todos estudiados. Pero el mercado no perdona la indecisión y, uno a uno, esos nombres fueron cayendo por su propio peso.
Carrasco se evaporó sin ruido. Lang tomó rumbo a Estambul. George no terminó de seducir al entrenador. Godts y Summerville se quedaron en simples sondeos. Y Tel, finalmente, seguirá su camino lejos de Roma. Incluso la larga y enrevesada historia de Raspadori, que podía encajar en varios roles ofensivos, acabó sin final feliz.
Hoy, con el cierre del mercado asomando en el horizonte, el balance es frío y poco alentador. Nkunku aparece como una opción compleja; Sulemana parece más accesible, aunque todo depende de un delicado juego de fichas que incluye a Lookman y Mateta. Zaragoza surge como posibilidad inesperada, quizá un recurso de emergencia más que una solución estructural. Pero ninguno representa, al menos de forma clara, ese salto de calidad que Gasperini reclama.
La sensación es inquietantemente familiar. Recuerda demasiado al final del mercado estival, cuando el tiempo se agotó y la Roma se quedó mirando el reloj. Sin embargo, esta vez el margen de error es mínimo. El mercado de invierno no está para caprichos ni apuestas a largo plazo: está para corregir fallos evidentes. Y el extremo izquierdo, hoy por hoy, no es un lujo. Es una urgencia.
Gasperini lo sabe. La Roma también debería saberlo. Porque el tiempo vuela… y no espera a nadie.

