El 2025 quedará marcado en la historia reciente de la Roma Femminile como un año atípico, complejo y lleno de contrastes. Muy lejos de la estabilidad y el dominio que habían definido a las dos temporadas anteriores —culminadas con los títulos de Serie A—, el conjunto giallorosso vivió un curso de transición que puso a prueba su identidad, su proyecto y también la fortaleza mental de un vestuario acostumbrado a competir desde la cima.
En la Serie A 2024/25, el panorama no fue alentador. La Roma estuvo muy lejos de poder competirle el título a la Juventus, campeona con autoridad. Las giallorosse mostraron irregularidad, problemas para cerrar partidos y una adaptación incompleta a las nuevas ideas del cuerpo técnico. Por momentos, el equipo pareció perder esa aura competitiva que había sido su sello en años anteriores, quedando relegado a un papel secundario en la lucha por el Scudetto.
El primer gran punto de inflexión llegó con la salida de Alessandro Spugna, el técnico que había sido arquitecto del ciclo más exitoso del club. Su marcha supuso el cierre de una etapa reconocible, basada en automatismos claros, una estructura sólida y una idea de juego plenamente interiorizada por las jugadoras. En su lugar, la Roma apostó por Luca Rossettini, una decisión que miraba más al futuro que al presente inmediato.
La llegada de Rossettini representaba un cambio profundo de paradigma. Su intención era trasladar conceptos propios del calcio juvenil y del profesionalismo masculino —ámbitos en los que había desarrollado su carrera— a un equipo femenino diseñado para competir por títulos y consolidarse en Europa. La apuesta era ambiciosa: construir una Roma más moderna, más física, más estructurada tácticamente y con una base sostenible a largo plazo.
La Champions League ha sido, sin duda, uno de los grandes fracasos del año. En la Champions League, la Roma no logró brillar. El equipo mostró dificultades para imponer su juego, careció de continuidad y pagó caro errores puntuales que resultaron decisivos. Pese a no ser claramente inferior a varios de sus rivales, dejó escapar puntos clave que terminaron condenándola a una eliminación prematura. No pasar de ronda fue un golpe duro para un club que aspiraba a dar un paso adelante en el escenario continental.
Y, sin embargo, el fútbol siempre guarda espacio para lo inesperado.
En esta Serie A 2025/26, casi sin proponérselo y para sorpresa incluso de las propias jugadoras, la Roma Femminile se ha encontrado liderando la Serie A con cierta comodidad. Un giro inesperado que pocos habrían anticipado tras el curso anterior. Sin grandes alardes, pero con una mayor solidez colectiva, el equipo ha sabido capitalizar errores ajenos, recuperar confianza y encontrar una versión más pragmática y eficaz.
Este liderato no borra las dudas del pasado reciente, pero sí reabre el debate sobre el verdadero potencial del proyecto Rossettini. Tal vez el doloroso proceso de adaptación era necesario. Tal vez el 2025, con todas sus dificultades, fue el precio a pagar por sentar nuevas bases.
La Roma Femminile sigue siendo un equipo en construcción, pero también uno que ha demostrado que, incluso en medio del cambio y la incertidumbre, puede volver a encontrarse con la cima. El desafío ahora será sostenerse, aprender del pasado inmediato y confirmar que este inesperado renacer no es una casualidad, sino el inicio de una nueva etapa competitiva.

