Ranieri, y ahora Gasperini, mantienen un legado defensivo incomparable en el territorio europeo
Durante meses, el debate en torno a la Roma giró en torno a los delanteros. Se discutía sobre fichajes que no llegaron, extremos que no funcionaban y una producción ofensiva irregular. Sin embargo, en medio de esas conversaciones se cometió un error colectivo: subestimar la fase defensiva del equipo. Y es justamente allí donde el proyecto de Gian Piero Gasperini está marcando la diferencia.
En el derbi contra la Lazio, el arco se mantuvo en cero, en parte por la falta de precisión del rival y algo de fortuna, pero también por una organización defensiva que nunca dio la impresión de estar al borde del colapso. La Roma transmite seguridad, y los números lo avalan: en 2025, ningún equipo de las cinco grandes ligas europeas ha recibido menos goles, tal y como informa Corriere Della Será. Solo 12 tantos encajados, por delante de clubes como el Athletic (16), el Arsenal (20), el Bayern (22) o el Estrasburgo (22).
El legado y la evolución
Gasperini no partió de cero. Supo recoger la base que Claudio Ranieri había consolidado y la potenció con su sello personal. Si el equipo antes defendía con orden y paciencia, ahora lo hace con agresividad e intención ofensiva incluso sin balón. La Roma presiona alto, busca la recuperación inmediata y rara vez se repliega en exceso. Esta apuesta no ha debilitado al bloque, al contrario: ha hecho que los defensores se sientan más cómodos en el riesgo y más capaces de sostener los resultados.
Los 1-0 que antes parecían casualidad, hoy son un recurso consciente. El equipo sabe sufrir, sabe manejar la presión y, sobre todo, confía en su estructura. Cada victoria corta se construye tanto en la zaga como en la mentalidad colectiva.

