Se suponía que la semana sin competición sería una oportunidad para que Paulo Dybala volviera al centro del proyecto Giallorossi y se lo entregara a Gasperini en su mejor momento. “Necesitamos recuperar a Dybala y Bailey“, declaró el entrenador tras la derrota ante el Napoli, citando la ausencia de los dos extremos como uno de los problemas que enfrenta el ataque de la Roma.
Pero ese plan ya se ha desmoronado: Dybala no ha entrenado en dos días, afectado por una grave enfermedad similar a la gripe que le ha provocado fiebre alta y dolor en las articulaciones. Su participación en los entrenamientos de hoy sigue en duda, y en consecuencia, su posible convocatoria para el partido fuera de casa contra el Cagliari el domingo a las 15:00.
No se descarta que se recupere en el último minuto, pero las sensaciones no son positivas, como se escribe hoy en La Repubblica. En cuanto al contrato, el argentino ha entrado en su último año y el club ya está considerando su futuro. El valor técnico de Dybala es indiscutible, pero su continuidad, o la falta de ella, empieza a pesar mucho en las evaluaciones: invertir en una renovación (que actualmente cuesta 8,5 millones de euros más importantes primas por aparición) significa asegurar un papel central para un jugador que juega cada vez menos.
La Roma conoce el potencial de Dybala y sabe que puede cambiar el rumbo de la temporada en un instante. Pero este invierno revela una historia diferente: el equipo está en alza, mientras que La Joya lucha por mantenerse a flote. Y cuando el mejor jugador se convierte en un lujo, cada semana que pasa cobra un peso diferente, tanto en el campo como en los vestuarios, donde se decide el futuro de la plantilla giallorossi.

