En Trigoria el ambiente sigue cargado y lejos de calmarse. La convivencia entre Claudio Ranieri y Gian Piero Gasperini se ha vuelto una especie de tregua incómoda: dos figuras fuertes obligadas a compartir espacio mientras las tensiones, tanto públicas como internas, siguen latentes. Todo esto bajo la mirada firme de Dan Friedkin, que ha impuesto mantener la estabilidad hasta el final de la temporada, aunque eso implique aplazar decisiones más drásticas.
En medio de este equilibrio precario trabaja Frederic Massara, encargado de diseñar el futuro del club sin perder de vista una realidad económica exigente. Antes de pensar en grandes fichajes, tal y como informa La Reppublica, la Roma debe cumplir con sus compromisos financieros, especialmente el llamado settlement agreement, que obliga a cuadrar cuentas antes del 30 de junio. Esto se traduce en una misión delicada: generar ingresos y cerrar ventas estratégicas sin debilitar en exceso la plantilla.
Ahí aparece el verdadero dilema. Jugadores como Mile Svilar, Manu Koné, Evan Ndicka o Niccolò Pisilli están en el radar de posibles salidas. No por falta de rendimiento, sino porque representan oportunidades de plusvalía. La clave está en elegir quién sale y en qué momento, minimizando el impacto deportivo.
A pesar de este contexto restrictivo, la planificación deportiva no se detiene. Uno de los nombres que más interés ha despertado es el de Kerim Alajbegovic, un joven extremo ofensivo con gran proyección. Actualmente vinculado al Red Bull Salzburg pero propiedad del Bayer Leverkusen, su futuro apunta a un nuevo destino este verano.
La Roma se ha adelantado en la carrera y lleva meses moviendo ficha. Las negociaciones han incluido contactos directos con su entorno, en los que incluso ha participado Miralem Pjanic como intermediario. Sin embargo, el club italiano no está solo: equipos como Napoli o Inter también siguen de cerca al jugador, mientras que desde Inglaterra y España se mantienen atentos a la evolución de la situación.
El perfil de Alajbegovic encaja perfectamente en la estrategia marcada por la propiedad: talento joven, margen de crecimiento y una inversión inicialmente contenida. Su salario no representa un problema, pero el obstáculo principal es el precio de traspaso, que podría situarse entre los 20 y 30 millones de euros. Una cifra elevada, aunque coherente con el potencial de un jugador que muchos consideran ideal para desarrollarse en la Serie A.

