La Roma se prepara para un verano en el que la imaginación financiera será casi tan importante como el talento en el campo, tal y como comenta hoy La Reppublica. El plan inicial —financiar buena parte del próximo mercado con los ingresos de la Champions— se ha ido diluyendo ante una realidad deportiva que no termina de cambiar: la clasificación vuelve a reflejar las mismas dificultades de las últimas temporadas.
Con un margen económico limitado por los compromisos con la UEFA y la necesidad prioritaria de asegurar la continuidad de Donyell Malen, en Trigoria ya trabajan en un “plan B”. El delantero neerlandés, cuya operación ronda los 25 millones de euros en pagos aplazados, sigue siendo el objetivo principal, pero incluso con facilidades de pago, el club necesita generar liquidez.
Aquí es donde entran en juego varias palancas. La más evidente pasa por una venta importante que alivie las cuentas, aunque no será la única vía. La dirección deportiva también ha identificado un recurso menos llamativo pero potencialmente decisivo: los jugadores cedidos.
No se trata solo de liberar fichas de futbolistas que no entran en los planes —como Ferguson, Tsimikas, Zaragoza o Venturino—, sino de convertir en ingresos reales aquellos préstamos con opción o obligación de compra. En este grupo aparecen nombres clave.
Salah Eddine ha dejado buenas sensaciones en el PSV, que estudia pagar unos 8 millones por su fichaje definitivo. Baldanzi, por su parte, está ganando protagonismo en el Genoa y su valor ronda los 10 millones, además de contar con el visto bueno de Daniele De Rossi. A esto se suma el caso de Shomurodov, cuyo traspaso al Basaksehir incluye una obligación de compra aún pendiente de unos 2,7 millones. Y finalmente está Saud, que podría dejar alrededor de 4 millones si el Lens decide quedarse con él.
Sumando todas estas operaciones, la Roma podría ingresar cerca de 25 millones de euros sin necesidad de grandes ventas traumáticas. Una cifra que, sin ser espectacular, representa una auténtica “caja oculta” capaz de sostener parte del mercado estival.
En un contexto de restricciones y exigencias financieras, este tipo de estrategias marcan la diferencia. La Roma no solo necesita acertar en los fichajes, sino también optimizar cada activo disponible. Porque, este verano, competir también será cuestión de hacer bien las cuentas.

