Gasperini, una ayuda de oro para las arcas de la Roma

En el fútbol contemporáneo, ganar partidos ya no es suficiente. Los clubes necesitan generar patrimonio, multiplicar inversiones y sostener proyectos a través del mercado. En ese escenario, pocos entrenadores han demostrado ser tan determinantes como Gian Piero Gasperini, escribe hoy Francesco Balzani, de ForzaRoma. Su legado en laAtalanta no se mide únicamente en clasificaciones europeas o noches memorables, sino en una cifra impactante: 460 millones de euros en plusvalías.

Durante su etapa en Bérgamo, Gasperini perfeccionó un modelo reconocible: defensa de tres agresiva, carrileros profundos, presión alta y protagonismo ofensivo de los centrales. Ese contexto táctico no solo potenciaba el rendimiento colectivo, sino que exponía a sus jugadores al escaparate europeo. El resultado fue una cadena de operaciones millonarias: más de 56 millones de beneficio con Rasmus Højlund, 45 con Teun Koopmeiners, 39 con Dejan Kulusevski, 34 con Cristian Romero o 32 con Alessandro Bastoni. A ellos se suman perfiles como Gianluca Mancini y Bryan Cristante, que consolidaron su crecimiento bajo ese ecosistema.

Esa reputación fue uno de los factores clave que llevaron a la Roma a apostar por él. Más allá de los resultados deportivos, el club buscaba revalorizar parte de su plantilla y recuperar músculo financiero a través del rendimiento. Y los primeros indicios apuntan a que el patrón se repite.

El caso más evidente es el de Wesley. Incorporado por 30 millones de euros, su cotización ya ronda los 50. El interés del Manchester City y el Real Madrid confirma que el mercado detecta el fenómeno. En el sistema de Gasperini, los carrileros viven permanentemente proyectados al ataque, asumen responsabilidades ofensivas y multiplican su impacto estadístico. Es el escenario perfecto para que su valor se dispare.

La revalorización no se limita a un nombre propio. La línea defensiva romana ha incrementado su cotización de forma generalizada. Desde la consolidación de Mancini hasta la progresión de Evan Ndicka, pasando por la revitalización de Mario Hermoso o el crecimiento de perfiles jóvenes como Ziolkowski, todos presentan hoy una valoración superior a la de hace un año. Incluso jugadores llegados sin coste de traspaso, como Zeki Celik, representan potencial plusvalía pura.

En el centro del campo, Manu Koné ha elevado ligeramente una tasación que ya era considerable, mientras otros perfiles mantienen estabilidad a la espera de un salto competitivo. En ataque, tras el impulso inicial de Matías Soulé, empieza a ganar terreno Donyell Malen, sumando argumentos en esta peculiar clasificación bursátil del balón. La única excepción es Artem Dovbyk, cuyo valor no ha logrado despegar, aunque su contexto exigía una transformación casi inmediata.

El impacto de Gasperini va más allá de la pizarra. Su mayor virtud es crear contextos que potencian activos. Sus equipos juegan con valentía, exponen talento y convierten rendimiento en capital. En una industria donde el equilibrio financiero es tan decisivo como la clasificación final, ese perfil es oro.