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Gasperini quiere resarcirse de su duelo personal contra Spalletti

No es un partido más. No es solo una plaza de Champions en juego. Es memoria, orgullo y cuentas pendientes. Este domingo, en el Olímpico, la Roma se mide al pasado que todavía incomoda: vuelve Luciano Spalletti, el técnico que se marchó en 2017 dejando un regusto amargo. Desde entonces, los giallorossi no han logrado derrotarlo. Nueve años sin victoria frente al ex entrenador. Demasiado tiempo para una afición que no olvida.

La “venganza” pendiente

Spalletti tuvo dos etapas en Trigoria (2005-2009 y 2016-2017). En la primera, bajo la familia Sensi, llevó a la Roma a competir al máximo nivel y dejó una identidad reconocible. En la segunda, ya con la propiedad de Pallotta, mantuvo resultados sólidos, aunque el final fue áspero, cargado de tensiones internas y declaraciones cruzadas. Su salida, calificada por muchos como “venenosa”, fracturó una relación que parecía indestructible.

Desde entonces, cada cruce tiene aroma a revancha. Y siempre ha salido ganador el técnico toscano.

Gasperini, otra cuenta por saldar

El duelo no solo tiene pasado; también tiene estadísticas que pesan. Gian Piero Gasperini arrastra una racha negativa frente a Spalletti: cuatro derrotas consecutivas en los últimos enfrentamientos directos. Un dato que añade presión al técnico, que sabe que este choque puede marcar la temporada.

La Roma pelea por regresar a la Champions, competición que no disputa desde hace siete campañas. El objetivo no es menor: volver a la élite europea supone prestigio, ingresos y estabilidad deportiva. Gasperini lo sabe y prepara el partido como una final anticipada.

Dybala, el factor inesperado

Todas las miradas apuntan a Paulo Dybala. El argentino podría reaparecer al menos en el banquillo si supera el test físico de hoy. Su talento puede ser decisivo en un encuentro que promete tensión, intensidad táctica y detalles mínimos.

Con o sin Dybala, la Roma necesita algo más que fútbol: necesita carácter. El Olímpico será una caldera. La Curva Sud no recibe a Spalletti como a un visitante cualquiera. Habrá respeto por lo conseguido, pero también memoria por cómo terminó todo.

Más que tres puntos

El domingo por la noche no solo se juegan tres puntos. Se juega la posibilidad de cerrar una herida que sigue abierta desde 2017. Se juega romper una racha que incomoda. Se juega, en definitiva, reconciliar pasado y presente.

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