El delantero irlandés causó buenas sensaciones en pretemporada, pero aún no ha abierto su lata goleadora
La nueva Roma de Gian Piero Gasperini empieza a mostrar un sello inconfundible, escribe Lorenzo Pes, de Il Tempo. En Niza llegó la cuarta victoria en los últimos cinco partidos, un inicio de temporada convincente que refleja la agresividad y la intensidad típicas del técnico piamontés. El equipo, todavía en construcción, exhibe hambre y crecimiento colectivo, aunque persiste un problema evidente: la falta de contribución de los delanteros.
Un equipo que progresa
El trabajo táctico de Gasperini ya se deja ver en la presión alta, la organización defensiva y la participación coral en la fase ofensiva. La Roma es un conjunto capaz de mantener una elevada intensidad física, bajando el ritmo solo en los minutos finales. La llegada de competiciones europeas también ha obligado al técnico a ampliar su rotación: hombres como Tsimikas, El Aynaoui y Rensch se han integrado con personalidad, demostrando que pueden ser más que simples alternativas.
Los atacantes, asignatura pendiente
Sin embargo, el verdadero reto está arriba. A largo plazo, no basta con que centrocampistas y defensores sostengan el peso del gol. Los nombres propios son claros: Dovbyk y Ferguson. El delantero ucraniano, tras una Copa decepcionante, aún no ha mostrado la eficacia que se esperaba de él en su primera titularidad. El irlandés, por su parte, había comenzado con buen pie pero atraviesa un momento de dificultad. Gasperini confía en que la titularidad frente al Verona le devuelva confianza y protagonismo.

