El anuncio oficial del proyecto definitivo del Stadio podría llegar entre el 22 y el 23 de diciembre

En Trigoria ya huele a Navidad. Y no solo por las luces que empiezan a decorar la ciudad eterna, sino porque el gran deseo pendiente de la Roma está a punto de hacerse realidad. Si no hay giros de última hora, el proyecto actualizado y definitivo del nuevo estadio giallorosso verá la luz a comienzos de la próxima semana, tal y como informa la Gazzetta Dello Sport, cerrando un capítulo interminable de retrasos, obstáculos y silencios incómodos.

No ha sido un camino recto. Ni mucho menos. El club ha tenido que navegar entre problemas previsibles —burocracia, ajustes técnicos, plazos eternos— y otros absolutamente inesperados, capaces de frenar cualquier impulso. Sin embargo, esta vez la sensación es distinta. La Roma ha resistido, ha ajustado el rumbo y, lo más importante, ha contado con un respaldo institucional firme por parte del Ayuntamiento, clave para llegar a este punto sin recurrir al comodín del comisario especial.

Paradójicamente, ese comisario ya existe y está operativo, aunque muchos en el entorno romanista piensan que habría sido mucho más útil hace un par de años, cuando el proyecto parecía encallado en arenas movedizas. Aun así, el Presupuesto ha introducido nuevas micromedidas que vuelven a poner el foco en Pietralata, la zona elegida para levantar el futuro hogar del club. Allí se espera el nombramiento, el próximo 29 de diciembre, de Massimo Sessa como comisario para la remodelación del área, un nombre que no es ajeno a los grandes eventos: lleva tiempo trabajando en las infraestructuras de la Eurocopa 2032.

Mientras tanto, la cuenta atrás sigue su curso. El anuncio oficial del proyecto definitivo podría llegar entre el 22 y el 23 de diciembre, un regalo anticipado para una afición que ha aprendido a desconfiar, pero que esta vez se permite una pizca de ilusión. No sería un simple comunicado: sería la confirmación de que el sueño del estadio propio deja de ser promesa para convertirse, por fin, en realidad tangible.

En Roma saben que aún queda camino por recorrer, permisos que obtener y obras que ejecutar. Pero también saben que lo más difícil no es construir con hormigón, sino derribar la incredulidad. Y esta vez, justo antes de Navidad, la Roma parece haberlo conseguido.