Contra el Bologna, intercambiaron a falta de un cuarto de hora; en Pisa, jugaron juntos los decisivos 45 minutos de la segunda parte, en los que juntos construyeron y sellaron la victoria giallorossi. Una cosa es segura: si esta Roma quiere encontrar un poco más de creatividad en ataque, debe confiar en estos dos y su creatividad: Paulo Dybala y Matías Soulé, los “hermanos” argentinos, los dos que tienen el poder de cambiar el rumbo del partido por sí solos, con una simple jugada, con una invención, con una genialidad que solo surge de aquellos cuyo ADN es diferente al de todos los demás.
Como se escribe hoy en La Gazzetta dello Sport, tanto Dybala y Soulé jugaron en el mismo equipo algo extraño en sí mismo, pero también extraño de imaginar y en la izquierda, en la banda inusual para ellos, una banda que no es precisamente la de ninguno de los dos. El de Gasperini fue un experimento, obviamente. Sí, porque acercar a Soulé a la portería significa esencialmente dos cosas: garantizar más goles, pero también más asistencias. En resumen, aumentar la amenaza de la Roma. Y por eso Gasperini está probando a Dybala en el otro lado, por la izquierda, para intentar no perder nada de la creatividad que tiene a su disposición. El plan final es desplegarlos juntos.
Al menos hasta que recupere a Bailey, el único jugador cuyas características se acercan a las de Lookman, siendo rápido, con un regate preciso y la capacidad de penetrar, dividiendo las defensas rivales en dos. Y entonces es fácil imaginar que cuando se reanude el partido, el 14 de septiembre contra el Torino (el Olímpico ya tiene casi todas las entradas, inicio programado para las 12:30), Dybala y Soulé podrían volver a jugar juntos.

