En Trigoria no siempre mandan los goles. A veces basta con un punto. Uno solo. A partir del 1 de marzo, el primer empate o victoria de la Roma en la Serie A activará automáticamente una cláusula que pesa —y mucho— en los despachos: la obligación de compra de Daniele Ghilardi. Siete millones y medio de euros, más bonus, que transformarían un préstamo en una inversión definitiva. Y ahí es donde el mercado empieza a moverse antes de tiempo.
El defensor, llegado desde el Verona por 2,7 millones, está atrapado en una especie de limbo contractual. Según reveló Filippo Biafora en Il Tempo, la Roma valora seriamente una salida en enero para evitar que esa cláusula se convierta en un hecho consumado. No es una cuestión deportiva inmediata, sino estratégica: liberar espacio —económico y en la plantilla— para otro central que encaje mejor en los planes del cuerpo técnico.
Mientras tanto, el tablero se mueve también en la base. El Spezia ha puesto los ojos en Alessandro Romano, centrocampista de la Roma Primavera. Una señal clara de que el talento joven de la cantera sigue siendo moneda de cambio atractiva para clubes que buscan reforzarse con proyección y bajo riesgo.

