Los jugadores de la Roma tienen tres camisetas disponibles por partido, pero sus contratos establecen que «por cada partido oficial, el jugador se compromete a devolver al club al menos una equipación usada». Es la cláusula más curiosa de todas: la camiseta ya no es un recuerdo, sino un activo de la empresa. Se devuelve al club como material contable, cuenta este jueves el periodista Marco Juric en el diario La Repubblica, lista para ser revendida, fotografiada o utilizada para causas benéficas. Y esta es solo una de las docenas de disposiciones que definen la nueva frontera contractual para los clubes profesionales.
Tras las firmas de Ferguson, Bailey y Wesley se esconde un modelo único y estandarizado, basado en cifras redondas, condiciones repetitivas y bonificaciones. El lenguaje es, obviamente, hiperburocrático. Detalles revisados y revisados, y luego escritos con precisión. Como los que definen el tiempo de juego para las bonificaciones: 30% del total de partidos para Wesley, 50% para Ferguson, 60% para Bailey. La regla de «al menos 45 minutos jugados» se aplica a todos. Bailey tiene el salario más alto entre los nuevos fichajes, con 5,5 millones de euros.
Se espera que Wesley reciba 91.000 euros tras 30 partidos, 191.000 euros tras 40, y primas idénticas por clasificarse para la Champions League, el Scudetto o la Coppa Italia. Wesley es el único que recibe una recompensa por ganar la Champions League: 288.000 euros. Los “otros documentos” de Ferguson indican que el jugador debe “comunicar sus cuentas oficiales en plataformas digitales al club”.

