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Bendita transición: la Roma Femminile y el arte de cambiar sin caer

Alex Murillas 25/05/2026 4 minutes read
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El fútbol, como la política, vive de las transiciones. Y las transiciones nunca son neutras. Algunas prometen futuro y acaban convertidas en ruina; otras nacen entre dudas y terminan consolidando hegemonías. Hay cambios que erosionan proyectos y otros que los elevan a una nueva dimensión. La temporada de la Roma Femminile pertenece claramente al segundo grupo. Y por eso solo queda decirlo así, casi con alivio: bendita transición.

Porque sí, este debía ser un año de reajuste. Un curso para redefinir automatismos, para adaptar ideas y para absorber nuevos métodos. Pero la Roma ha convertido ese supuesto periodo de adaptación en una demostración de fuerza. No una fuerza caótica o emocional, sino una autoridad sostenida durante toda la temporada. Mano de hierro en la Serie A, donde ha conquistado su tercer Scudetto, y resiliencia competitiva en la Coppa Italia, sufriendo cuando tocaba sufrir, pero imponiéndose una vez más al eterno rival.

Y ahí aparece uno de los grandes símbolos de esta campaña: la relación de rivalidad con la Juventus. Durante años, la Juventus representó ese muro psicológico y futbolístico que condicionaba cualquier aspiración de dominio en Italia. Incluso en temporadas donde la Roma ya era competitiva, quedaba la sensación de que el duelo decisivo seguía teniendo color bianconero. Este año no. Esta temporada la Roma ha sido capaz de arrancarse esa espina. Una Juventus peor que en otros cursos, evidentemente, pero también una Roma que ha demostrado haberle cogido definitivamente el truco.

Y eso tiene mucho valor. Porque dominar no es únicamente ganar títulos; dominar es alterar jerarquías mentales. Es conseguir que el rival deje de parecer invencible.

Todo esto, además, ocurre justo antes de que lleguen las verdaderas transiciones. Porque el verano sí marcará un cambio emocional y estructural importante. Se marchan Evelyne Viens y Emilie Haavi, dos futbolistas que ya forman parte de la historia moderna del club. Dos jugadoras que ayudaron a construir la identidad competitiva de esta Roma ganadora. También se va Giulia Dragoni, que regresará al FC Barcelona Femení tras una cesión donde ha terminado siendo prácticamente indiscutible.

Y precisamente ahí aparece otra de las claves de la temporada: Luca Rossettini. Su llegada desde el fútbol masculino generó dudas lógicas. No por currículo, sino porque el salto entre contextos competitivos nunca es automático. Pero el objetivo de su contratación era claro desde el principio: aumentar la intensidad, elevar la presión y endurecer el carácter competitivo del equipo. Y eso se ha visto.

La Roma de Rossettini ha sido un equipo más agresivo sin balón, más incómodo para el rival y más dominante desde la sensación colectiva. Incluso en muchos partidos quedaba la impresión de que el equipo podía dar todavía más. Y eso, para cualquier aspirante europeo serio, es probablemente la mejor noticia posible. Porque cuando un campeón transmite margen de crecimiento, el mensaje para el resto es preocupante.

También es cierto que el contexto competitivo ha ayudado. La zona alta del campeonato ha hecho bastante demérito respecto a otros años. Equipos menos sólidos, menos constantes y más irregulares han facilitado que la Roma encontrara menos resistencia sostenida. Pero reducir el éxito romanista únicamente a los errores ajenos sería injusto. Porque mientras la parte alta perdía nivel, la zona media ha crecido muchísimo en competitividad, y la zona baja ha terminado la temporada con un sprint final notable. Ganar en Italia ya no consiste simplemente en tener mejor plantilla; exige mantener ritmo, concentración y profundidad competitiva durante meses.

Y la Roma lo ha hecho.

Por eso esta temporada deja una conclusión muy concreta: la transición no solo ha salido bien, sino que ha fortalecido al proyecto. La Roma no parece un campeón que haya alcanzado su techo, sino un equipo que todavía está redefiniendo hasta dónde puede llegar. Y quizá ahí reside lo más peligroso de todo para sus rivales. Que mientras otros viven cambios con miedo, la Roma los vive como una oportunidad.

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