Niccolò Pisilli, el gran beneficiado en silencio de Celtic Park

Hay noches que no solo se juegan; se atraviesan. En Glasgow, bajo una lluvia persistente y un ambiente hostil, la Roma encontró algo más que una victoria reparadora tras dos tropiezos consecutivos: recuperó confianza, autoestima y, sobre todo, respuestas. Entre ellas, una con nombre y apellido que hasta hace poco parecía condenada a la espera: Niccolò Pisilli.

El contexto no era sencillo. Un equipo cuestionado, una rotación obligada y un escenario europeo siempre exigente. Sin embargo, en ese marco áspero emergieron dos figuras que oxigenaron al grupo, Ferguson y, especialmente, Pisilli. El centrocampista nacido en 2004 jugó con la intensidad de quien sabe que el reloj no se detiene y que las oportunidades, cuando llegan, no avisan dos veces. Ochenta y cinco minutos de fútbol total: presión, orden, valentía y una serenidad impropia de su edad.

No fue una actuación ruidosa ni plagada de gestos espectaculares. Fue, precisamente, lo contrario: una prueba madura, sólida, que dio equilibrio al equipo y permitió a la Roma manejar los tiempos del partido. En Celtic Park no solo se ganó un encuentro; se redefinió el estatus de un jugador que hasta ayer parecía con un pie en una posible cesión.