Pellegrini, Roma
Pellegrini, Roma

El futuro de Pellegrini sigue en el aire; Lorenzo no valora destinos exóticos siendo la agencia libre a final de temporada siendo la solución más factible de momento

Lorenzo Pellegrini ya no es el capitán de la Roma. No oficialmente, todavía no. Pero en la práctica, sí. Gasperini lo dejó claro al delinear los criterios que guiarán el brazalete de capitán esta temporada: lo lucirá el jugador con más partidos, escribe Gianluca Piacentini en Il Corriere della Sera. Y así, encabeza la lista El Shaarawy (320 partidos con la Roma), seguido de Cristante (318) y, finalmente, Pellegrini con 316. Se acabaron las jerarquías estables, los símbolos inamovibles.

El brazalete se vuelve fluido, compartido, casi carente de significado en comparación con el pasado. Y en esta nueva Roma que se construye, la figura de Pellegrini parece cada vez más marginal. Un símbolo que se desvanece. Pellegrini se perdió toda la preparación de verano: no estuvo en la concentración debido a las secuelas de una operación de nariz, no viajó a la gira por Inglaterra y no figura en la lista de convocados para los amistosos. Solo trabajo en Trigoria, solo entrenamiento diferenciado. O casi: hace unos días, su esposa publicó fotos en Instagram de unas vacaciones familiares en la montaña, donde Lorenzo estaba presente. Para complicar aún más las cosas, está la situación contractual: el contrato actual vence el 30 de junio de 2026, pero una renovación, especialmente a las cifras actuales —casi 6 millones de euros netos por temporada más primas—, no está en discusión.

La Roma no tiene intención de extender en esas condiciones. Y el mercado, por el momento, no ofrece opciones concretas: ninguno de los destinos que le gustaría al jugador se ha presentado, y Pellegrini no considera opciones exóticas como Arabia Saudí o Turquía. Así, se avecina una perspectiva amarga, la más amarga de todas: un traspaso gratuito. Un epílogo silencioso y vago, una separación que corre el riesgo de desarrollarse de la forma más fría y poco romántica posible. Y las posibilidades de una solución pacífica son cada vez más escasas.