Estadio de la Roma
Estadio de la Roma

El Stadio Della Roma vendrá acompañado de 9 hectáreas de espacios verdes accesibles al público

El Stadio Della Roma avanza. Desde que se presentó el estudio de viabilidad en octubre de 2022 —en el marco de la ley nacional sobre infraestructuras deportivas—, la iniciativa ha avanzado entre entusiasmo institucional y oposición ciudadana. El terreno elegido está actualmente cubierto por una densa vegetación que, según informes agronómicos y técnicos, cumple las características de una masa forestal. Activistas ecologistas y movimientos como Fridays For Future han denunciado la tala de más de 140 árboles en el área, señalando que la zona estaba destinada por el planeamiento urbano de 2012 a convertirse en un parque público.

La administración local, sin embargo, sostiene que el terreno no está clasificado oficialmente como bosque según la normativa regional, y que, por tanto, no existe una protección legal explícita. En esta ambigüedad legal se libra la disputa: para unos, se trata de un atentado contra uno de los pocos pulmones verdes del distrito; para otros, una oportunidad de regeneración urbana.

El Ayuntamiento y el club promotor insisten en el compromiso ambiental del proyecto. Se ha anunciado la creación de más de 9 hectáreas de espacios verdes accesibles al público, divididos entre un gran “Parque del Estadio” y una zona ajardinada central. Además, el plan contempla plantar más de 6 000 nuevos árboles, y compensar cada ejemplar talado con otro dentro o fuera del recinto.

Maurizio Veloccia, concejal de Urbanismo, ha declarado que “el resultado será un entorno más verde, seguro y útil que el actual”. Según el calendario oficial, el estadio debería inaugurarse en 2028, coincidiendo con el centenario del club.

Además del estadio, se prevén intervenciones importantes en materia de movilidad: mejora de la conectividad con la estación Tiburtina, nuevos accesos peatonales y ciclovías, y la construcción de estacionamientos subterráneos para coches y bicicletas. No obstante, los residentes y comités de barrio advierten que el sistema vial actual no está preparado para un aumento masivo del tráfico, y temen un empeoramiento de la calidad de vida.

El camino hacia la realización del proyecto no está exento de escollos. Diversas impugnaciones judiciales —por las expropiaciones de terrenos, la legalidad de la tala de árboles y la validez del procedimiento de aprobación— están en curso. El Tribunal Administrativo Regional (TAR) incluso anuló recientemente un expediente forestal por vicios de forma. Estas disputas podrían retrasar o incluso poner en jaque el cronograma previsto.